Te dije “gracias” y preguntaste ¿por qué?
¿Qué por qué?
Pues… por las palabras y los largos silencios, por estar siempre y por la ausencia, por ser recia y enormemente amable, por tus consejos y tus preguntas, por la sonrisa y el recuerdo. Sencilla y complicada, sumamente exigente y tolerante… en resumen y simplificando lo “insimplificable”, por ser tú.
Eres amalgama de virtudes y graciosos desaciertos que forman tu férreo espíritu, colocado de manera sutil en un fino y delicado cuerpo de mujer. Gracias por no ser perfecta ni pretender serlo, porque tus errores y defectos los compensas con tu enorme corazón.
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